¡¡ A LA HOGUERA!!
Ha rebuznado el Señor Obispo de Emérito de San Sebastián en Radio Euskadi y lo ha hecho como nos tiene acostumbrados una parte muy significativa de la Iglesia Vasca. En su homilía-entrevista, su ilustrísima vuelve a recuperar ese nauseabundo lenguaje de la equidistancia entre ETA y las Fuerzas de Seguridad del Estado. El senecto Uriarte nos cuenta lo incorrectos que han sido los chicos descarriados de la gasolina en sus acciones, y que seguramente tengan que pedir perdón y hacer penitencia con alguna novena en honor a Nuestra Señora de Aránzazu, por aquello de la devoción a algo tan arraigado al terruño. Pero acto seguido, la muy santa figura decide atizarle un poco a la “txakurrada” y dice textualmente que la Policía y Guardia Civil “Deberían pedir perdón por haberse excedido” con ETA. Nada nuevo bajo el sol (o niebla en este caso) de las Provincias Vascongadas, donde la Diócesis Donostiarra nos ha ofrecido durante tres décadas un repertorio de soflamas filoetarras embadurnadas de meapilismo, muy difíciles de digerir para un católico de bien. Panorama triste para una tierra que fue estandarte del Catolicismo Español, ese que fue evangelizador de medio mundo, martillo de herejes y espada de la Contrarreforma.
Afortunadamente, Monseñor Munilla dista años luz de Uriarte y no digamos de Setién, pero el daño está hecho y seguramente sea ya irreparable. Todavía figuran en la mente de muchos aquellos funerales y entierros al anochecer, con féretros sacados por la puerta trasera de las iglesias y homilías cuasi insultantes para las víctimas. En contraste, los funerales por los escasos muertos del bando terrorista eran oficiados por importante número de curas, con alegatos públicos en defensa de estos “liberadores de Euskal Herria”. Este claro apoyo de una parte de la iglesia vasca en general y guipuzcoana en particular al mundo de ETA nos recuerda los principios de la organización terrorista, surgida con el amparo de un sector de la Iglesia Vasca fuertemente influida por el marxismo (verbigracia del Concilio Vaticano II) y el nostálgico bizkaitarrismo anterior a 1936. De aquellos polvos estos lodos y de aquellos pecados estas penitencias.
El resto de la Iglesia Española ha intentado en estos años calmar con tibieza estos sangrantes procederes. Pese a las buenas palabras y alguna que otra declaración, nunca se posicionó decididamente contra la actitud de Setién y Uriarte. Quizá, coma a la Derecha Española, sus complejos y miedos le puedan más que la imperiosa necesidad de actuar.
Uriarte y su predecesor Setién nada tiene que ver con los principios de la fe católica ni con la tradición Católica Española. Han sido unos indignos pastores de su rebaño y traidores a unos valores por los cuales miles de católicos dieron su vida.
Para ambos tenemos un veredicto…¡¡A LA HOGUERA!!