¿QUE HAY DETRÁS?
El segundo día de junio nos ha traído la que sin duda será una de las noticias del año en España (y digo una porque el triste panorama no permite afirmar con rotundidad que no habrá sustos mayores de aquí a diciembre). El caballero que durante casi 39 años ha estado al frente del Estado ha decidido que el follón que tiene montado es muy chungo, y a semejanza de su abuelo decide largarse para evitar problemas. Claro está, que a diferencia de 1931 no se ha proclamado (todavía) la República y el trono quedará en manos de un futuro rey.
No vamos a desgranar la gloriosa trayectoria del habitante de la Zarzuela, pues es por todos conocido su glorioso expediente como traidor a sus juramentos, cómplice de los enemigos de España y beneficiario de oscuros negocios. Como hace unos meses comentamos de Suárez (quién a estas horas estará ardiendo en el infierno), que “la Historia le haría justicia” arrojándolo al fango, su amigo del alma seguirá el mismo camino. Campechano I es un digno descendiente de una dinastía infame que llevamos padeciendo desde hace tres siglos y de la mano de la cuál España ha zozobrado en la decadencia y pusilanimidad.
Pero dejemos de hablar del pasado y mientras “Juanki” se dedica a darse la gran vida tal y como hizo su señor padre, veamos el difícil futuro. Primeramente sería interesante desgranar los posibles motivos de la marcha de la ilustre figura. Puede ser que la enfermedad se haya agravado, o que los escándalos de su nena le vayan a tiznar de lleno. Lo del cansancio no parece excusa creíble, máxime cuando en el discurso de Navidad “no dijo ni mu” y el trabajo tampoco es que lo haya desgastado demasiado en esta vida. Por ello, todo nos lleva a creer que existen intereses ocultos tras esta renuncia y que vendría a confirmar una serie de declaraciones de las últimas semanas por parte de ciertos elementos de nuestra clase política. Dichos intereses se resumirían en una idea poco clara pero de consecuencias inquietantes: “Reforma Constitucional que permita el encaje de Cataluña en España”, o lo que es lo mismo, que España se humille bajo el separatismo. La sucesión de declaraciones y hechos se han sucedido desde que el difunto (políticamente) Rubalcaba realizó su Declaración Federal, que básicamente consiste en más dinero para la Generalitat y blindar las competencias, sobre todo en el tema lingüístico y educativo. Que un miserable como Rubalcaba proponga algo así no es de extrañar, pero la espiral va más allá. Puestos a hablar de basura vamos a lo grande, y para ello nada mejor que esa inmensa excreción de la derecha llamado Miguel Herrero de Miñón, preboste de la UCD y amigo de todo enemigo de España en los últimos 25 años. Ser despreciable allá donde los haya, expuso algo semejante en su visita a Barcelona. Se ve que ahora ya no le hacen caso en el País Vasco como en la época Ibarreche y prefiere otros aires para emponzoñar. Lo malo es que la cosa no queda ahí, pues ministro más zascandil del Gobierno, el inefable García Margallo, ha soltado en varias ocasiones ya la idea de una reforma en esta línea, aunque hay que reconocer que el genio que nos representa en asuntos exteriores no ha profundizado tanto como el Traidor Herrero. La guinda de este pastel de la indignidad la ha puesto el Presidente Rajoy, que se descolgó en su última visita a Barcelona con un “ni sí ni no sino todo lo contrario” sobre la reforma. Con la inmensa claridad que tiene con su discurso el saco de patatas barbudo que tenemos en La Moncloa no me extraña que nos otorguen a los habitantes de estas tierras galaicas esa fama de indecisos.
Por último, una red de periodistas, tertulianos, opinadores y espadas varias al servicio del régimen han seguido en los últimos días en esta línea. De hecho, bastaba con escuchar el mismo día del anuncio de la abdicación a uno de los más impresentables lacayos del sistema como es Fernando Ónega (¿es que de la UCD no ha salido nadie que no huela a letrina?) en plena TVE para ver que algo se está cociendo. Incluso hay voces que apuntan que la introducción de una disposición transitoria arreglaría el problema (sí, de tapadillo y con nocturnidad y alevosía). La indecencia está planeada, ahora los hechos dirán el camino a seguir, pero ahora nos surge la tremenda duda…¿El relevo en la Jefatura del Estado forma parte de este plan de reforma?: Sólo los hechos lo dirán.
No sabemos el papel jugará que el futuro Felipe VI en el futuro de Españal, aunque sí esperamos que se parezca poco a su padre y menos a su mujer. De ésta última mejor no hablamos hoy, pues el Ministro Fernández Díaz ha decidido a su salida de misa de 7 poner a sus sabuesos a rebuscar por el ciberespacio y no queremos que nos muerdan por nuestra opinión sobre “la del Telediario”, como diría Torrente.
El futuro es incierto, el presente desalentador y el número de cobardes y traidores infinito. Desde aquí solamente deseamos que el Futuro Felipe VI sepa estar a la altura designio que la Historia le ha evocado. Esperemos por el bien de España que así sea.