El desafío
El huevo de serpiente que durante 32 años se ha estado incubando entre la dejadez del Estado y la propaganda separatista, ha eclosionado y amenaza con devorarnos. El “Molt Honorable” Artur Mas sostiene desde hace aproximadamente un mes un pulso con el Estado de consecuencias impredecibles. Lo que empezó como una reclamación de más dinero para la Generalitat vía concierto económico cuál País Vasco o Navarra, ha desembocado en una convocatoria de elecciones con amenaza de referéndum de autodeterminación posterior, aderezado todo ello con manifestación-circo el 11 de Septiembre en la Diada.
Poco debería de preocuparnos la actitud de semejante personajillo. A fin de cuentas, Mas no es otra cosa que un niñato hijo de la burguesía barcelonesa al que parece que nunca han negado nada, y va siendo hora de que alguien lo haga...
El gran problema es que en La Moncloa tenemos al mediocre de Mariano, más preocupado por su prima de riesgo y recortes que por el peligro a que salte por los aires la unidad de su Patria. Limitarse a decir que defenderá la legalidad es como no decir nada, básicamente cuando nuestra historia reciente tiene tan abundantes casos de perversión de la legalidad ,incluidos aquellos con refrendo de esa gran farsa que es el Tribunal Constitucional.
Pero sean como fueren los sucesos venideros, lo que queda claro es que ha llegado el momento de actuar. El Estado debe de recuperar urgentemente competencias transferidas a las CCAA, unida ésta a una reforma constitucional que pueda hacer articulable un poder Estatal fuerte y a la vez cercano a la ciudadanía, y que en ningún caso pueda ser refugio ni herramienta de separatistas, como lo ha sido nuestro actual régimen de 1978.
De igual forma, debe quedarle totalmente claro a personajes como Mas que su osadía les va a salir muy cara. Esa Constitución que les otorga la autonomía, también faculta su suspensión en el artículo 155, y para lo cual el estado tiene importantes instrumentos que van desde la vía judicial al despliegue de las Fuerzas Armadas. Todo ello está en manos del gobierno, y de él dependerá que el resultado final sea satisfactorio o desastroso.
Pero a pesar de todo ello, no es suficiente con escarmentar a Mas y retomar competencias por la Administración General del Estado. Queda una gran tarea por realizar para ofrecer una identidad a los catalanes que no son separatistas. El separatismo tiene un proyecto, ahora hace falta poner sobre la mesa otro que lo fulmine y ofrezca a la inmensa mayoría del pueblo de Cataluña la opción natural de sentirse catalanes y españoles, tal y como llevan siendo siglos.