DIEZ AÑOS DEL DÍA QUE CAMBIÓ TODO

Publicado en por Urz

Parece que fue ayer, pero ya ha pasado una década desde la triste mañana en la que la Historia de España dio un giro totalmente inesperado y cambió radicalmente su realidad.

Era 11 de marzo de 2004 y la campaña electoral llegaba a su día final. España venía de una legislatura difícil en la que un gobierno presidido por Aznar con mayoría absoluta tuvo importante contestación a parte sustancial de sus actuaciones. Desde la gestión en el “Caso Prestige” hasta la manida Guerra de Irak, existió el rechazo de una parte de la sociedad española. Sin embargo y a pesar de ese aparente malestar, no había indicios aparentes de cambio en el mando del Gobierno, pues la desconfianza del electorado hacia la alternativa representada por el PSOE y su líder era más que evidente. La economía tenía un aparente crecimiento (la oficialidad no hablaba del huevo de serpiente que estábamos incubando) y el terrorismo de ETA languidecía (tampoco suponíamos que diez años después tendrían en sus manos medio País Vasco). Por lo demás, algunos problemas habituales como la entrada masiva de ilegales por nuestras fronteras y el “capullismo blandiblú” máximo en la Moncloa, pensando que las acariciando al enemigo evitas que te pegue.
En el campo exterior, España se alía con Gran Bretaña y EEUU con su apoyo e la invasión de Irak. Grave error que tira por los suelos la tradicional neutralidad de España en asuntos lejanos y ajenos, aunque cierto es que el fariseísmo socialista olvidó entonces que una década antes Felipe había enviado reclutas a la Guerra del Golfo (Narcís Serra les llevó a Marta Sánchez para alegrar los oídos y la vista a los pobres chavales).

Así estaban las cosas cuando aquel terrible día 11 Madrid se llenó de sangre dejando como resultado 192 muertos y un shock colectivo como nunca se había visto en la sociedad española, quedando tan dantesca situación a escasas 72 horas de las elecciones. El Gobierno no supo estar a la altura de las circunstancias y le faltó valor para hacerse con la situación (en una situación como esa no sería nada descabellado el haber suspendido las elecciones). Con el paso de las horas fue in crescendo la tensión, que reventó en las manifestaciones del sábado de reflexión entre el interés partidista de los contendientes políticos de variado color, carroñerismo de la oposición socialista, investigaciones apresuradas y olor a muerte. El día 14 de marzo se produjeron finalmente las elecciones y ZP se encontró con un milagro en forma de tren bomba que lo llevó a la Moncloa. A partir de entonces, España lleva una década de decadencia y convulsión.

Llegó la investigación parlamentaria y judicial, con la conclusión de tener menos claro lo que sucedió que al inicio de las investigaciones. Realmente nadie sabe ni quién ni por qué y con qué medios se produjo a ciencia cierta el atentado, por no hablar de los motivos que llevan a unos moros de Lavapiés a volarse por los aires. Múltiples fallos y ocultaciones sobrevolaron el proceso, que lleva largo tiempo cerrado en falso sin trazas de ser reabierto. Un día muy lejano, si “San CNI” quiere, a lo mejor nos enteramos de algo.

Como conclusiones podemos sacar unas cuantas y ninguna positiva. La primera es que España ha demostrado ser vulnerable para sus enemigos. Una simple acción terrorista sirvió perfectamente para cambiar la voluntad de los españoles y doblegar su espíritu. No quiero ni pensar lo que podría pasar si el día de mañana nos invade un ejército organizado. Triste destino de esta otra hora gran Nación. Aunque sea triste reconocerlo, podemos afirmar con rotundidad que nuestros enemigos nos han ganado la partida.

La segunda es que el atentado tuvo unos grandes beneficiados, tanto internos como externos. En el exterior, nuestros vecinos del Norte y el Sur se vieron muy favorecidos con el cambio en la Moncloa, pues ni en Marruecos ni en Francia era de su agrado la política exterior de España.

En el interior también se produjeron importantes cambios, con especial importancia en cierta región del Norte muy acostumbrada al terrorismo. Lógicamente, también el atentado tuvo el beneficiario del nuevo ocupante del puesto de mando tras el 14 de marzo. Con estas reflexiones no se acusa, sino que se evidencian hechos reales y poco rebatibles. El tema de la culpabilidad es cuestión de los jueces, no nuestra (y a poder ser que el togado no sea Gómez Bermúdez).

Por último, es tristemente destacable que tantas negras nubes ronden por encima de muchas de las “fuerzas vivas” del Estado. Desde el CNI hasta el Gobierno y la Oposición, pasando por la Policía o Judicatura tienen destacados miembros con la sombra de la traición y la miseria en su entorno, señal más que destacada del triste panorama de la España de la última década.

¡¡11-M NI OLVIDO NI PERDÓN!!

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