NUEVOS EUROPEOS
Para aquel que a simple vista pudiese acercarse a nuestra narración por la foto, podría pensar que está ante una crónica futbolística. Cierto es, que el personaje conductor de nuestra historia se gana la vida pegándole patadas a un balón, pero no serán sus habilidades con los píes las que nos lleven al análisis y crítica al caballero en cuestión.
Su nombre es Karim (que significa generoso en árabe) y su apellido Benzemá. No sabemos si el “nueve” del Real Madrid es espléndido con sus semejantes, tal y como muestra su nombre, pero de lo que sí estamos seguros es de su generosa fobia hacía la nacionalidad que aparece en su pasaporte. Poco puede importarle al bueno de Karim la sobredimensionada paciencia que quienes legalmente son sus compatriotas tienen con su desidia en el terreno de juego vistiendo la camiseta de los “bleus” ; o con sus despropósitos al volante en las carreteras españolas; o sus bacanales en compañía de otros miembros del equipo nacional francés. Nuestro amigo no siente el menor aprecio por la nacionalidad que lo ampara, y sus gestos delatan lo poco que le importa el enfado que ello pueda acarrear a los franceses. Su reiterada negativa a cantar el Himno Nacional en los partidos del Combinado Galo es solo el mejor ejemplo del desprecio que siente por Francia y por la Civilización Occidental en general. Una guinda más a esta fobia la tenemos en la supuesta donación de 3 millones de euros para la construcción de una nueva mezquita en su Lyon natal, demostrando una vez más hasta donde llegan los tentáculos del Islam en nuestro propio suelo. Podríamos pensar que las veleidades de la estrella argelina son los caprichos de un niñato rebelde y engreído por su fama y dinero. Sin embargo, no hay nada más lejos de la realidad, el “caso Benzemá” es el mejor ejemplo del fracaso de las políticas de integración llevadas a cabo por las autoridades bienpensantes de la progresía europea. Pensaban esas cándidas mentes que colmar de privilegios a la inmigración de culturas ajenas a la europea traería consigo la asimilación e integración de los “nuevos europeos”, creando así nuevas sociedades multiculturales llenas de “amor paz y felicidad”. La realidad es mucho más cruda: la inmigración de origen ajeno a nuestra civilización (como es el caso de la norteafricana), trae a sujetos como el ariete madridista, con el agravante en muchos de ellos de su afición a la delincuencia y su rapiña sobre los derechos sociales y servicios públicos que con tanto sacrificio hemos construido durante siglos. Por lo menos el Sr Benzemá todavía no le pone la navaja en el cuello a las ancianas para robarles el bolso, ni creo que solicite ayudas sociales para vivir a cuenta del esfuerzo de todos, y es que si uno no se conforma es porque no quiere.
Lo triste es que a pesar de todo ello, nuestro personaje seguirá siendo admirado por legiones de europeos que comprarán sus camisetas, aplaudirán sus goles y perdonarán sus estupideces. De igual forma que perdonan y comprenden a los miles de musulmanes que cuál Caballo de Troya han entrado dentro de nuestras fronteras y amenazan con volar por los aires (en casos, literalmente) esa obra milenaria que representa Europa. Nuestra supervivencia como civilización dependerá en gran medida de pequeños gestos y actitudes constantes, por lo que si eres aficionado del Real Madrid y te quieres comprar una camiseta, ya sabes que número no debes de llevar a la espalda.