DUDAS QUE NO CESAN EN 32 AÑOS

Publicado en por Urz

DUDAS QUE NO CESAN EN 32 AÑOS

En el día de ayer, se cumplió el trigésimo segundo aniversario de los sucesos ocurridos en el Palacio de las Cortes conocidos como el 23-F, que forman un recuerdo colectivo muy consolidado en la memoria de los españoles y una reserva de dudas en una gran parte de los mismos.

En aquel Febrero de 1981, España vivía tiempos difíciles: un gobierno en el que imperaba la reyerta interna y el caos; un presidente farsante al que se le acababa la credibilidad, con un sustituto, el triste Leopoldo, que no parecía mejorar la situación; la crisis económica acuciaba al país de forma inexorable; el separatismo hostigaba con fuerza en Cataluña y País Vasco, donde el Rey era abucheado en su visita a las Juntas de Guernica; ETA mataba a una docena de españoles al mes regando de sangre las filas del Ejército, Guardia Civil, Policía o simplemente de aquellos españoles que no aceptaban el chantaje terrorista.

En el actual 2013, vemos que la situación política no es muy diferente: Un gobierno que rige los destinos de España sin un rumbo claro; un presidente cobarde que se niega a atajar los problemas de raíz y cuyo único aval a día de hoy es haber sucedido a una hez infecta como fue ZP; caminamos hacia los seis millones de parados y nuestros sectores productivos están arruinados; tenemos una declaración de secesión abierta en Cataluña e incubándose en el País Vasco y ETA ya no mata, pero es porque ha conseguido sus objetivos de llegar al poder y humillar a las víctimas. Por añadidura, tenemos una corrupción política escandalosa, y nuestra soberanía nacional ya no está veladamente en manos de EEUU y Giscard como en el 81, sino abiertamente en manos de la UE. Tampoco nos podemos olvidar de la situación del Jefe del Estado, del cual hablaremos un poco más abajo.

Pero volviendo la vista atrás, existía en aquel lejano febrero una amplia corriente transversal en la opinión pública que pedía “soluciones”. La hemeroteca en este sentido, avala que desde “El Alcázar” hasta “Diario 16”, existía un estado de opinión que reclamaba “un cambio” en el rumbo de España. Seguramente no todos querían el desarrollo de unos acontecimientos como los ya conocidos, pero sí es cierto que en el deseo de la mayoría estaba el de un gobierno fuerte, parar la sangría del norte y reconducir el proceso autonómico. Este cóctel, unido a la sensación de abandono e indefensión ante un enemigo implacable que sufrían las Fuerzas Armadas y Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, hicieron que el Teniente Coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero, entrase en pleno hemiciclo durante la sesión de investidura de Leopoldo Calvo Sotelo y soltase su famoso “¡¡Quieto todo el mundo!!”.

La secuencia de sucesos y los personajes principales son conocidos por todos, y las dudas comunes que nos invaden es probable que no las solventemos en breve: ¿Conocían Tejero y Armada sus proyectos recíprocos previamente al golpe?; ¿Era Armada el “Elefante Blanco?; ¿Fue el golpe un fracaso preparado por el CESID para frenar algo más grave?; ¿Cuál fue el papel del Borbón? El día que el CNI desclasifique documentos quizá sepamos algo más, pero a día de hoy nos tenemos que conformar con estudiar las repercusiones que ha tenido en la vida Nacional de estos últimos 32 años, que podríamos resumir en unos pocos puntos:

Primero: Sirve para aferrar al trono a Juan Carlos de Borbón, que se convertirá en objeto de alabanza y personaje de inmunidad absoluta para el régimen democrático.

Segundo: Comienza un continuo proceso de vilipendio y desprestigio de las Fuerzas Armadas, que terminará con el paso de los años por convertirlas en un triste cuerpo funcionarial, lejos del espíritu que debe de presidir todo ejército de ser el pueblo armado.

Tercero: El fracaso del golpe frustró cualquier reconducción del modelo de Estado Autonómico, modelo que a día de hoy resulta un completo fracaso.

Cuarto: ETA no redujo su sangrienta trayectoria, afianzando en estos años su siniestra penetración en diferentes capas de la sociedad vasca

Quinto: España pasó a tener como tres “malos” oficiales a Tejero, Milans y Armada. Gran desdicha la de estos tres militares, que con errores y equivocaciones que seguramente tuvieran en su planificación, supieron anteponer a sus intereses particulares el juramento que en su día hicieron de defender a España. Que nadie dude que pudiera haber sido para ellos mucho más cómodo esperar en un despacho el pase a la reserva, pero creyeron que España estaba en peligro y actuaron, llamados en gran parte por la sangre de compañeros derramada en estos duros años de la transición, compañeros cuya pérdida no pareció importarle lo más mínimo a un sujeto tan impresentable como Gutiérrez Mellado, capaz de sobrevivir en el banco azul por muchos muertos que hubiese sobre la mesa.

Esta es la visión a 32 años vista de los sucesos de aquel día de Febrero. No sabemos si un triunfo del golpe hubiese solucionado los problemas que España aún arrastra desde entonces, pero sí sabemos que el régimen constitucional de 1978 no los ha solucionado. Esta es la dura realidad, por encima de alabanzas cobistas y hagiografías.

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